No conociste un pan hecho de cielo y amor.

 las moscas

sembraban en tu cara  su noche infectada

y la soledad

y el hambre

eran tus cadenas permanentes,

ya no podías caminar,

las proteínas ausentes llenaron de agujeros

tus piernas,

incapaces ahora de levantar tu lacerado cuerpo...

 

mientras el mundo

cantaba entre festines y mágicas luces

y se llenaban el corazón de balones y muslos,

tú,

pequeño fruto del amor torturado, agonizabas,

y el sol lanzaba sus brasas

sobre tu bella cabeza de niño muriente...

 

dueña del poder -la estupidez-

seguía almacenando metales, sedas, alhajas, manjares...

nadie pensaba en tu infortunio

ni en como estaban muriendo otros hermanos,

prisioneros de garras impuestas por lejanías

de panes y estrellas...

 

bajo una capa de insectos

tus hermosos ojos se apagaron...

eras ya un breve montón de huesos tristes, amargos...

 

en los salones de la indiferencia

las fieras continuaban su carnaval...

 

Jesús Espartero