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La Coctelera

Categoría: Opinión

Los 37 lectores de Borges

palabra-nocturna | 15, jun

El aparente interés español por la literatura iberoamericana es una impostura

Hay un libro, Los nuestros, de Luis Harss, que la Editorial Sudamericana publicó en 1966, después de que apareciera en inglés, y que ahora se lee como una foto fija de lo que luego se llamó el boom de la literatura iberoamericana; y leyendo esa foto fija uno se da cuenta de hasta qué punto el aparente interés español por la literatura iberoamericana es una impostura. En España de la leche interesa la nata; el resto lo tiramos, así nos hemos pasado la vida tirando lo que hay debajo -o encima- del boom; si ya conocemos el boom, para qué seguir leyendo.

Sobre el boom hay un malentendido histórico; ha terminado presentándose como un lanzamiento comercial de unos tipos -básicamente, Gabriel García Márquez, Carlos Fuentes, Mario Vargas Llosa, Julio Cortázar- ágilmente agitados por una agente literaria, Carmen Balcells, en un contexto propicio para su penetración imparable. Y el boom fue mucho más: ellos y muchos más. Sigue siendo: el boom sigue existiendo, tratamos de taparlo con un dedo. El dedo español.

Así, poniéndole el dedo o el circulito comercial del boom al momento literario que representaban esos escritores en aquel tiempo, el fenómeno se podía vender como eso, como un fenómeno, y, más aún, como un epifenómeno; y luego se podía parar. No se paró, pero tuvo sus contratiempos. Los tiene aún; los tienen sus herederos.

De hecho, casi treinta años más tarde, a principios de los noventa, la literatura iberoamericana era incapaz de arañar presencia en la estantería o en los medios españoles. Siguieron marcando su rumbo los escritores de aquel cuarteto, pero no tanto: unos años después de muerto el autor de Rayuela, escuché decir a un editor que para divulgar a Cortázar -de nuevo- había que traducirlo al castellano; y para vergüenza de aquel tiempo, y de esas opiniones, se podía traducir, sólo para verificar todo lo que inventó Cortázar para hacer más grande el castellano.

Siguió el cuarteto de los jóvenes del boom pero poco a poco España le fue poniendo su proa a la literatura hecha en Iberoamérica, y aquellos años 90 fueron testigos de la impostura. Con las excepciones que tiene cualquier regla, a los autores de la otra orilla, a pesar de ser miembros del territorio de La Mancha del que habla Carlos Fuentes, se les puso la proa española; eran demasiados, venían demasiado, no había sitio para tanta gente. Fue la época en que se instituyó el término sudaca, por cierto.

En aquel libro de Harss aparecían también, eran parte de la misma época, Borges, Asturias, Onetti, Guimarães Rosa, Carpentier, Rulfo, que ya iban camino de hacerse clásicos. Acaso porque ya iban siendo importantes, en seguida se les desprendió del fenómeno, a la espera acaso de que el boom fuera flor perecedera y un día aquel cuarteto de chiquillos -Vargas Llosa tenía 27 años cuando Harss le visitó para hablar de su naciente obra literaria, un adivino; Gabo y Fuentes no habían cumplido aún los cuarenta- se diluyera para dejar reluciente o solitaria la sagrada patena de la literatura de nuestro terruño.

Pero, claro, aquello fue imparable, como una presa desbocada. No era extraño, dijo Borges, precisamente en ese libro: la literatura iberoamericana que ellos representaban bebía de más tradiciones que cualquier otra literatura, española, europea, mundial, estaba en mejores condiciones para hacerse imparable, eso decía él. Claro, Borges se refería sobre todo a la tradición francesa, que equipó de diversidad y de una cultura diferente la imaginación de sus paisanos; orgulloso e indiferente, esto dijo, además, el sabio ciego y polémico: "Cuando hay una renovación literaria, esa renovación viene de América, y desde luego bajo el influjo de los franceses, más leídos y mejor leídos en América que en España".

El río no cesaba. A aquella literatura diversa, pletórica, se iban adhiriendo, casi contemporáneamente a aquel 1966 que retrató Luis Harss, gente como Guillermo Cabrera Infante, José Donoso, Mario Benedetti, Roa Bastos, Alfredo Bryce Echenique, Manuel Puig, Manuel Mujica Lainez y tantos otros que convirtieron en una alineación de muchísimos jugadores aquel equipo consagrado en 1966, el momento más álgido del dichoso -que no desdichado- boom de la literatura iberoamericana.

Más de cuarenta años después, aquella incursión de la armada del boom y de los parientes del boom no ha logrado sino consolidar lo que ya hubo; sigue habiendo las mismas dificultades de siempre para que venga lo nuevo, que es numerosísimo e importantísimo, y los autores a los que no conoce ni Dios (esa frase con la que se cierra la puerta al conocimiento de lo nuevo, hasta que obtiene premio, o castigo) pasan por las ferias y los saraos sin otra gloria que su pena.

En su libro Historia de un encargo: 'La catira' de Camilo José Cela (Anagrama), el editor y escritor Gustavo Guerrero recoge una frase de su colega mexicano Ricardo Cayuela (editor de Letras Libres) que ilustra la rabia que sigue produciendo allá este desdén de acá: "Las autoridades españolas", decía Cayuela en 2003, "festejan la lengua, la promueven, presumen de ella en todos los foros y ámbitos internacionales y, al mismo tiempo, no tienen ningún interés por conocer a los hablantes de esa lengua ni les interesa lo que escriben o lo que hacen".

Suena fuerte, o sea que es verdadero. Ahora estamos cerca del bicentenario de las independencias, y en el prólogo de esa efeméride, la Feria del Libro de Madrid ha tenido la feliz ocurrencia de celebrar la literatura iberoamericana. Una feliz idea que pasa por Madrid como un homenaje y también como un espejismo. Los escritores han venido, a veces han dialogado entre ellos mismos, se han juntado en instituciones latinoamericanas, o casi, se han escuchado hablar de lo que les junta sin tener delante, muchas veces, a aquellos que se supone que son de su misma cultura y de su misma lengua (la lengua común que nos separa, que dijo Bernard Shaw, también citado por Guerrero); ni los medios ni el público han sabido demasiado de lo que quieren, de lo que hacen, de lo que escriben, de lo que añoran o de lo que rompen.

La gente espera a que el hielo se caliente para tocarlo; dentro de algún tiempo los que ahora han visto, indiferentes, como los autores iberoamericanos que ya no son sino los nietos del boom regresan coronados, y entonces querrán tocarlos, serán materia de fama y de tertulias.

Serán, acaso, como aquel Borges de sus inicios, y aún más allá, que le contaba a Harss su fascinación cuando supo que 37 personas -¡37!- habían comprado en un año su Historia de la eternidad. "Yo tenía ganas de buscar a esas 37 personas, agradecerles, pedirles disculpas por lo malo que era el libro".

Ahora por España pasan y han pasado numerosos escritores iberoamericanos que a lo mejor han vendido 37 libros, o menos, se han encontrado con 37 lectores, o menos, y esos 37 testigos de lo que hacen algún día le podrán decir: "Fui yo uno de los 37". Y alrededor, acaso, habrá multitudes de los que ahora les han visto pasar, indiferentes.

http://www.elpais.com/articulo/opinion/37/lectores/Borges/elpepiopi/20080614elpepiopi_4/Tes

Un libro siempre es un buen regalo

palabra-nocturna | 4, may

Ahora que se aproxima el Día de la Madre, y en los próximos meses también el día del niño, del padre, del abuelo, nada mejor que regalar un buen libro.

Muchos niños tienen la suerte de tener gran cantidad de juguetes, uno más ya no resulta novedoso, la televisión invade cada hogar con la última novedad en juguetes, de tantos, observo que a los pequeños sólo les llama la atención por breves momentos y después quedan en el baúl o en la repisa -como trofeos que mirarán sin que éstos les provoquen mayor curiosidad.

Por qué no regalarles un libro de cuentos?, hay tantos en el mercado!. Existen formatos llamativos, texturas interesantes, colores brillantes, para todos los gustos y para todos los bolsillos. Incentivemos la lectura, no nos quejemos después que los jóvenes no leen.

Y a las madres y abuelos y padres -entre los millones de libros disponibles en el mercado, alguno habrá que sea el adecuado para cada edad, gusto y cultura.

Dejo aquí un artículo interesante sobre el tema de "la lectura".

Saludos.


Los jóvenes y la lectura


Laura Hernández

Mi propósito en este texto es plantear algunas ideas que creo útiles para quienes han emprendido la labor de formar círculos de lectura entre los adolescentes de las escuelas secundarias.

Para el filósofo austríaco, Ludwig Wittgenstein —quien se interesó profundamente por la aclaración de diversos conceptos— ‘leer’ quiere decir reaccionar a signos escritos de tal o cual modo, en el sentido en que, por ejemplo, cuando un alumno empieza a leer, lo sabemos porque hay en él un cambio de conducta (157)1 pues hay un conjunto de sensaciones más o menos características de leer una oración impresa, tales como sensaciones de atascarse, de fijarse bien, de equivocarse al leer, de mayor o menor soltura en la secuencia de palabras, etc., al igual que hay sensaciones características de recitar algo aprendido de memoria.

De tal modo que, de acuerdo a Wittgenstein, la lectura no es sólo un proceso psicológico que ocurre en nuestra mente, que consiste simplemente en traducir mecánicamente signos escritos a orales, sino que la lectura implica una vivencia que se expresa a través de ciertas reacciones características, cuyo carácter estético lo podemos apreciar al percatarnos de que, cuando leemos, letra y sonido forman una unidad. Una especie de aleación —dice él— como una fusión semejante a la que se da entre los rostros de los hombres famosos y el sonido de sus nombres, en que nos parece que ese nombre es la única expresión correcta para ese rostro. (171)

Ésa es la razón por la que ciertas cosas que hemos leído y nos han dejado una impresión honda, permanezcan en nosotros a través de una imagen y sus palabras y, dado que esa imagen es una construcción personal, podemos percatarnos de que, a pesar de que en un sentido superficial todos leamos el mismo texto, no leemos lo mismo porque las ideas que dispara en nuestra imaginación y en nuestro intelecto son diversas para cada uno de nosotros pues dependen de nuestra propia experiencia vital.

Es más, tampoco debemos olvidar que habrá a quien esas palabras, a pesar de que comprenda esos signos, no le signifiquen nada, no le digan nada, no le disparen ninguna idea. Por lo tanto, podemos decir que no siempre ‘leemos’ en un sentido profundo, es decir, no siempre hay contacto entre lo escrito y el lector. Eso sucede fecuentemente a los alumnos que son obligados a leer algo que no les interesa, es entonces cuando sólo se da esa traducción mecánica en la que está ausente la vivencia de la lectura.

Ahora bien, por otra parte, es interesante observar que la lectura sólo fue posible cuando existió la escritura y que ésta es un producto cultural, específicamente de la civilización, y no de nuestra naturaleza; por ese motivo, existen culturas en las que no es relevante registrar ésta por escrito sino transmitirla oralmente, como sucede en muchos de los grupos indígenas de México. El poeta portugués Fernando Pessoa, señala al respecto:

El hombre natural puede vivir perfectamente sin leer y escribir. No puede en cambio hacerlo el hombre al que llamamos civilizado; por eso, como dije, la palabra escrita es un fenómeno cultural, no de la naturaleza sino de la civilización de la cual la cultura es esencia y sostén. [...] La palabra hablada es inmediata, local y general. [...] La palabra escrita es mediata, amplia y particular. Cuando escribimos, y tanto más cuanto mejor y más cuidadosamente escribimos, nos dirigimos a alguien que no va a oírnos, alquien que va a leernos; a alguien que no está a nuestro lado; a alguien que será capaz de entendernos, y no a alguien que tiene que entendernos, teniendo por eso que entenderlo nosotros primero a él (141-142)

Al hablar de esta preocupación del escritor y su lector, es evidente que Pessoa —como poeta— se refiere a la escritura literaria; sin embargo, podríamos afirmar que esta preocupación se presenta, asimismo, en los textos no literarios, como por ejemplo la prosa científica y el periodismo, que también se escriben pensando en las expectativas que los lectores tienen pero, en este caso, sólo con relación a un ámbito de información de hechos e ideas, algo más superficial, si pensamos en que la literatura genera en nosotros emociones intensas de felicidad, de sufrimiento, de zozobra, de terror, etc. Cuando leemos una novela que nos apasiona, vivimos literariamente las emociones de sus personajes, a tal grado que no podemos desprendernos de la lectura o, si lo tenemos que hacer, pensamos obsesivamente en la historia. En el caso de la poesía, el enganche emocional se revela en el recuerdo nítido de las palabras que, cuando las pronunciamos, nos llenan de un goce inefable. Y es que en el poema no es sólo lo dicho lo que nos conmueve sino, en mayor medida, cómo está dicho: su musicalidad. En ese sentido, siendo el origen de la poesía el canto, ésta existiría aun si la escritura nunca se hubiera dado, lo cual no es verdad para la prosa, pues mientras la poesía es básicamente generadora de emociones, la prosa lo es de ideas; no obstante, es posible que esos dos ámbitos se entrecrucen y den lugar a una prosa poética que encontramos en mayor medida en el ensayo filosófico que se aproxima más a la literatura que a la ciencia.

Creo que ahora podrá ser más claro por qué la relación entre la escritura y el lector, en el texto literario, es más emocional que intelectual, que su código tiene un carácter fundamentalmente simbólico, pues como señala Pessoa:

A fin de cuentas, ¿qué es una obra literaria sino la proyección en el lenguaje de un estado del espíritu o del alma humana? Y esa obra es el símbolo vivo del alma que la escribió, o del momento de esa alma —una pequeña alma ocasional— que la proyectó. ¿Por qué no podrá haber entre alma y alma una comunicación oculta, un entendimiento sin palabras, mediante el cual adivinemos la sombra visible a través del conocimiento del cuerpo invisible que la proyecta, y entendamos el símbolo, no porque reconozcamos haberlo visto, sino porque conocemos aquello de lo cual es símbolo. [...] Cuanto más profundas sean las emociones, más alto será, dado el necesario poder de expresión, el mérito de la obra o de las obras. Y cuanto más profundas las emociones, mayor también será su grado de humanidad, de universalidad. Por eso los mayores poetas de la humanidad son también los más humanos, y por serlo son también los más universales.

Y, en ese sentido, se nos plantea una primera cuestión: si queremos fomentar en los jóvenes la lectura debemos estar en la disposición de reconocer que debemos, tanto tomar en cuenta lo que para ellos es significativo e importante, como darles a conocer a aquellos escritores cuya voz es universal. En el video Experiencia de un círculo de lectura con adolescentes de educación secundaria del Valle de Chalco2 puede verse cómo los jóvenes muestran sus gustos e intereses en relación con los libros. En ese sentido me parece que los temas de ficción y la poesía son los que suelen ser más atractivos para los adolescentes, es decir, aquéllos en donde se desborda el mundo de lo posible, lo cual es así porque en ellos la capacidad de imaginar todavía determina la de razonar. La realidad para ellos tiene límites muy distintos a los nuestros o quizá ni siquiera tenga límites. Sin embargo, a pesar de que hable de los jóvenes en un sentido genérico, no debemos perder de vista que esto es una idealización, ya que cada uno de ellos constituye un mundo particular. Ésa es la razón por la que Ezra Pound, en su espléndido libro El abc de la lectura, señala queLa ambición del lector puede ser mediocre, y no habrá dos lectores con ambiciones idénticas. El maestro sólo podrá dirigir sus instrucciones a aquéllos que más desean aprender, de todos modos puede darles un ‘aperitivo’, una lista de las cosas que pueden aprenderse en literatura o en alguna sección dada de ésta. (29)

Esto quiere decir que, a pesar de que debemos alentar en los jóvenes el gozo por la lectura, debemos estar conscientes de que habrá quienes nunca se interesen en ello. Y es que no podemos obligar a nadie a sentir, emocionarse o maravillarse a través de lo que los ojos de los otros han visto e imaginado. Lo que sí estaríamos obligados a hacer es a enriquecer, en la medida de nuestras posibilidades, las opciones de lectura para aquél que busca afanosamente nuevos asombros que le permitan vivir con mayor intensidad su vida. No debemos olvidar que mucho del desinterés de los jóvenes en la lectura lo fomenta una forma de vida que desalienta el interés por el desarrollo de nuestra capacidad creativa e impulsa, por el contrario, la necesidad de garantizarse un estatus económico-social como prioridad existencial. En un mundo donde el espíritu ha sido desplazado por el poder del dinero, no podemos esperar aliento para los hombres espirituales. La misma familia está preocupada por garantizarles a sus hijos un futuro de seguridad material, y cuando un hijo decide ser actor, pintor o escritor se trata de disuadirlo de tal elección. Nosotros mismos fuimos ‘deseducados’ en las escuelas, pues sufrimos de una opresión constante de nuestras capacidades y hasta tuvimos un concepto de cultura como acumulación de información, es decir, como ignorancia disfrazada. En ese sentido, Ezra Pound considera que mucho del fracaso escolar para que los alumnos lean se debe a los propios profesores... que saben poco más que el público, que quieren explotar sus conocimientos fraccionados y que son totalmente refractarios a hacer el menor esfuerzo para aprender algo más (29). El profesor sin experiencia, temeroso de su ignorancia, tiene miedo de admitirla. Quizá este coraje sólo se adquiere cuando se sabe hasta qué punto la ignorancia es casi universal. Las tentativas de ocultarla son simplemente una pérdida de tiempo a la larga. Si el profesor no es muy ingenioso, tal vez se aterre ante estudiantes cuyas mentes se mueven más velozmente que la suya, pero haría mejor en utilizar a los alumnos de disposición vivaz para trabajos de valoración, descubriendo el ojo avizor o el oído sutil, y tomándolo como punto de mira, o poste auditor. (67). Creo que el maestro ideal debe aproximarse a cada obra maestra casi como si nunca la hubiera visto. (68).

Es decir, el maestro, siempre, pero especialmente cuando guía a sus alumnos en la lectura de obras literarias, debe asumirse como un guía que va mostrando rutas de reflexión, pero sin abandonar la posibilidad de que muchas otras sean posibles y que los propios alumnos puedan percatarse de algo que nosotros no hemos podido ver todavía en una obra. Esta actitud sólo podrá tenerla aquel maestro que proyecta con entusiasmo en sus alumnos la capacidad del arte para revelarnos nuevas e infinitas miradas sobre el mundo.

Por otra parte, es evidente que si lo que queremos es formar buenos lectores, éstos no serían aquéllos que hayan leído más, sino los que hayan leído mejor, lo cual nos lleva a una distinción fundamental entre erudición y cultura que, para Pessoa, se establece en términos de que la erudición se limita a conjugar la abundante lectura con la precisa comprensión de la obra. La cultura puede no implicar una lectura extensa, lo que fatalmente implica es lo que, en general, suele ser el resultado de una lectura extensa — la actitud de espíritu que viene señalada por una absorción profunda de todo lo que lee, ve, o de cualquier otro modo, experimenta. En esto consiste pues, fundamentalmente, la diferencia entre la erudición y la cultura: que mientras la erudición es una cuestión de superficie, la cultura lo es de produndidad; que mientras la erudición alcanza sólo sus efectos psíquicos, a la inteligencia, la cultura alcanza a todas las facultades del espíritu, influyendo sobre la sensibilidad y al mismo tiempo sobre las facultades simplemente intelectuales. En el fondo la distinción real consiste en que el erudito no es imaginativo, y el hombre culto, por el contrario, sí lo es.

Lichtenberg , el ingenioso e irónico pensador alemán del siglo XVIII, expresó muchas ideas interesantes sobre la lectura, entre ellas cabe referirse a su rechazo hacia la acumulación de lecturas, por considerarla una mera pose que ha conducido a lo que él llama “una barbarie ilustrada”, que lee para no pensar, y la importancia de reparar en esto se nos muestra en que: las lecturas precoces o excesivas nos proveen de materiales no asimilados con los que nuestra memoria se acostumbra a administrar la sensibilidad y el gusto. A veces necesitamos una filosofía profunda para que nuestros sentimientos regresen al primer nivel de inocencia y podamos encontrar por nosotros mismos la salida entre los escombros de las cosas desconocidas, empezar a sentir por nosotros mismos, a hablar por nosotros mismos y, me atrevería a decir, aun a existir por nosotros mismos (191).

En el mismo tono, Pessoa, añadiría que “un hombre podría, si poseyera la verdadera sabiduría, gozar del espectáculo entero del mundo desde una silla, sin saber leer, sin hablar con nadie, sólo usando los sentidos y sabiendo el alma no estar triste”. (119)

Después de estas reflexiones, debemos pensar que cualquier consideración de la educación como domesticación, o sea, la conducción de los jóvenes a pensar de cierta manera, es equivocada y destructiva porque deseduca. Nuestra tarea no es decirles a los otros qué deben leer y qué deben entender de aquello que leen, y mucho menos que lo importante es leer mucho, sino que debemos proporcionarles la posibilidad de conocer mundos nuevos, pero a la manera de un buen anfitrión que pone sus mejores manjares a la mesa, sin obligar a nadie a comerlos, pues la generosidad implica el respeto hacia el otro. Gustar de un buen poema es como apreciar un sabor exquisito, pero quien no haya sido educado para que sus experiencias gastronómicas continuamente se enriquezcan, porque considera que todo lo que no conoce es malo, nunca podrá apreciar la diferencia entre un sabor y otro con fineza. Lo mismo sucede con la lectura de la literatura, la labor del maestro consiste en enseñar a distinguir entre un tipo de libro y otro; a identificar estilos y hacer relaciones entre ellos; a percatarse de que no se lee con la misma entonación ni en el mismo tiempo un poema épico que uno amoroso o un cuento de terror que una novela filosófica. A buscar en lo leído ideas propias y a reconocer que las obras universales lo son porque en ellas se encuentran plasmadas emociones que tocan la esencia del ser humano.

Y recurriendo de nuevo a mi analogía entre ‘comer’ y ‘leer’ diría que así como el mejor gourmet no es un comedor compulsivo, el buen lector es el que prefiere degustar su lectura, ‘rumiarla’ hasta el cansancio, de ahí que una recomendación de método podría consistir en repetir la lectura de un mismo libro, pues en palabras de Schopenhauer

Todo libro importante debe leerse dos veces, lo uno, porque la segunda vez se perciben mejor las cosas en su totalidad, y no se comprende bien el comienzo hasta que no conoce el fin, y lo otro, porque a la segunda lectura se lleva otra disposición de ánimo que a la primera, lo que modifica la impresión, como cuando se mira bajo nueva luz un objeto anteriormente contemplado. (45)

Después de todo lo expuesto, parece evidente que la misión de formar círculos de lectura no es una misión sencilla y tiene matices éticos insoslayables que, a su vez, dotan a esta tarea de una importancia capital ya que, si José Martí pensaba que debíamos ser cultos para ser libres, la cultura debe entenderse como el derecho que tiene toda persona a crecer interiormente, a pensar por sí mismo, a imaginar. En pocas palabras, a ser libre.

1 Las citas de Investigaciones filosóficas, que es la única obra de Wittgenstein a la que hago referencia en este trabajo, están dadas por numero de parágrafo.

El derecho a la ciudad es un derecho humano

palabra-nocturna | 30, abr


Por Pablo Salvat (*)

Hablamos en primer lugar de Santiago, aunque claro está podríamos extender algunos de estos juicios más allá. Sí, nuestra principal urbe. Cada vez más extendida, cada vez con más gente. Al mismo tiempo una ciudad cada día más difícil para vivir en ella. Sin mucho ruido, nos enteramos ahora (mostrador.cl) que estaría en discusión un proyecto de modificación del Plan Regulador Metropolitano, el cual implica ampliar el radio urbano en aproximadamente 11 mil hectáreas , 9 mil de ellas son hoy rurales. Por cierto, sobre esto no hay debate público ni consulta a los ciudadanos. Consecuencia: con ello solo puede aumentar la ya complicada y estresante vida urbana.

Sin embargo, ¿Tendrá que ser así? Nuestra elite y los medios de comunicación, tan buenos para andar comparando e inventando motes que nos distinguirían de los vecinos, no aplican ese criterio evaluativo en un sentido más global y abarcante. No lo aplican para ver y comparar el trato a las ciudades y el ambiente que tienen muchos países europeos, en relación al nuestro. Pocas veces se preguntan, por ejemplo, como han hecho los alemanes o lo suizos para conservar ciudades –si se quiere, a escala humana-, y al mismo tiempo, generar lo que se llama “progreso” o modernidad. Acá, ambos movimientos parecen incompatibles en nuestro país: o usted vota por la modernización de la vida citadina, o usted vota por permanecer en el pasado. O, a usted le gustan los árboles, parques, jardines, buenos espacios comunes, o, desea feas y frías carreteras y pasos bajo nivel, autopistas con peajes, autos por miles. A usted le gustan los edificios bien hechos, con áreas verdes, seguros, que guarden cierta proporción con el entorno, o usted es un egoísta porque no quiere que las grandes inmobiliarias decidan en qué lugar, de cuántos pisos y de qué materiales estarán hechas casas y edificios, aunque la gente viva después como en un hormiguero o en un corral d e ovejas.

A poco andar de estas reflexiones, nos topamos nuevamente con el sacrosanto principio o santa tríada que rige nuestros destinos personales y sociales hace ya más de veinte años: don dinero, señor mercado y señora propiedad. No, pues. Cómo se le ocurre que va a haber, por ejemplo, eso llamado planificación urbana participativa, sea a nivel comunal o más general, que se viene aplicando en Europa hace más de vente años. Como vamos a tomar en consideración las necesidades y deseos de las personas concretas que, cuál más cual menos, quisieran que el principio de calidad de vida presidiera sus moradas y el entorno de éstas. No, que la calidad de vida la decida el señor mercado y los suyos pues. Donde se pueda pagar por ella, bueno, habrá más calidad de vida y algo más de respeto por el medio ambiente. Donde no se pueda, hay que conformarse con lo que hay, y por supuesto alentar el aumento gradual de la planta de carabineros. ¿Las consecuencias? Están a la vista. La nuestra, es de las capitales con peor salud mental de sus habitantes. Por ejemplo, sufrimos el flagelo del tráfico de drogas bastante expandido que genera una nueva violencia desconocida, amén de liquidar el tejido social; un transporte que de público sólo tiene el nombre y el hecho que no moviliza otro tipo de seres vivos; altos niveles de contaminación, no sólo por emisiones de gases y partículas de diverso tipo, sino también -debido a la mala educación en el uso de automóviles y aparatos tecnológicos-, altos niveles de contaminación acústica. Pareciera que el temor a la soledad y a encontrarnos con nosotros mismos, alentase la producción de ruido permanente.

Tenemos una ciudad social, económica y clasistamente segmentada y segregada. Por eso, ya pocos pueden andar o dormir muy tranquilos en cualquier punto de la ciudad. Si no lo cree, es cosa de ver el amurallamiento progresivo, la privatización creciente de la vida de barrio, en particular, en el sector oriente, guardias, alarmas y rottweilers mediante. ¿Donde están los cuidados y respetados espacios públicos? Ojalá con plazas y áreas verdes, árboles y jardines. ¿Dónde una ética del cuidado para con lo que hacemos a diario en nuestras casas, departamentos o en la calle? Esos males están a la vista. Todos los días los noticiarios los remachan en nuestras cabezas.

Sin embargo, parece que ya nada nos conmueve: los delitos brutales que inspira la pasta base y similares; el maltrato a mujeres, ancianos y niños, a los más vulnerables; bandas de jóvenes que juegan armados como en el antiguo oeste, sin importarles las consecuencias. ¿No será que nuestra ciudad en vez de progresar se está feudalizando? Pero, no pues. Es más importante jugar el jueguito del pequeño poder y andar destituyendo ministros, o ver cual candidato repetido vende más de lo mismo. Y por supuesto, sobre todo, respetar la santa tríada: don dinero, señor mercado y señora propiedad. ¿Miopía interesada? ¿Hasta cuándo? A lo mejor entonces estamos aun a tiempo y no sería tan descabellado realizar un “nuevo” derecho, “el derecho a la ciudad”, descubierto por el filósofo Henri Lefevbre hace más de cuarenta años, como otra expresión de esa gran conquista ciudadana llamada derechos humanos. ¿Es mucho pedir?

* Dr. en filosofía de la Universidad de Lovaina, profesor de la Universidad Jesuita Alberto Hurtado

http://www.elclarin.cl/index.php?option=com_content&task=view&id=11373&Itemid=48

Chile, el laboratorio del neoliberalismo

palabra-nocturna | 19, ago

Neruda y los falsos cristales de su plata

Mario Casasús
Brecha
"Uruguay es palabra de pájaro, o idioma del agua, es sílaba de una cascada, es tormento de cristalería"
Pablo Neruda, Canto general


Neruda vivió clandestinamente en Uruguay entre 1953 y 1956, en casa de Alberto Mántaras en el balneario de Atlántida. Constancia de ello fue el herbario proyectado para la Oda a las flores de Datitla (texto publicado en el Tercer libro de las Odas; Losada 1957) que permaneció inédito hasta 2003.
Su exilio era ya por amores con Matilde Urrutia a diferencia del comienzo fugitivo cuando en Chile decretaron ilegal al Partido Comunista y a Neruda senador desaforado: cruza la cordillera a caballo con destino porteño, donde Miguel Ángel Asturias le prestaría su pasaporte para que finalmente Picasso lo presentara en París en un Congreso Mundial por la Paz.
La militancia de nuestro poeta no es un secreto, comunista de cepa, diplomático del Frente y la Unidad Popular, se metía en cada quilombo lo mismo en México, al liberar de prisión al muralista Siqueiros o en España al rescatar a 2,500 republicanos en el barco Winnipeg. Hace tiempo que se dice de la muerte de Neruda por tristeza más que por cáncer, yo creo que ambos de manera fulminante el 23 de septiembre de 1973. El herbario compilado en Uruguay junto al poema Testamento del Canto general:
"Dejo a los sindicatos
del cobre, del carbón y del salitre
mi casa junto al mar de Isla Negra.
Quiero que allí reposen los maltratados hijos de mi patria, saqueada por hachas y traidores, desbaratada en su sagrada sangre, consumida en volcánicos harapos."
Fueron estos versos los que colocaron las bases de lo que el poeta eligió llamar Cantalao: "Fundación de Beneficencia sin fines de lucro cuyo objetivo será la propagación de las letras, las artes y las ciencias, en especial en el litoral comprendido entre San Antonio y Valparaíso (…) a) construcción y habilitación en el bien raíz que se aporta para la Fundación de edificaciones que se destinaran a sitios de reuniones de escritores, artistas y científicos nacionales y extranjeros como así mismo para su alojamiento (...) En el artículo Quinto relativo a la Composición del Consejo Directivo y Ejecutivo: ‘Se compondría de dos representantes de Pablo Neruda, de los rectores de las universidades de Chile, Católica y Técnica del Estado, por un representante de la Central Unitaria de Trabajadores y un representante de la Sociedad de Escritores de Chile’" (documento inédito, fechado el 9 de mayo de 1973, del que conservo una fotocopia certificada ante notario público).
Después del golpe de Estado de 1973, a la viuda Matilde Urrutia se le confiscaron las casas del poeta, lo mismo al Partido Comunista heredero de Isla Negra. Matilde Urrutia acompañaba a las madres de detenidos desaparecidos a las comisarías en busca de un hábea corpus, hacía declaraciones en la BBC sobre la sistemática violación de los derechos humanos de la dictadura, autorizaba antologías de Neruda a países amigos -por ejemplo al Fondo de Cultura Económica mexicano-, se querellaba en la España franquista cuando censuraban las fotos de Neruda junto a Salvador Allende, pero ella sólo sobrevivió hasta 1986. ¿Qué pasó con la herencia de Neruda luego de la muerte de la viuda? ¿A dónde fue a parar la plata del poeta? Es entonces cuando aparece Juan Agustín Figueroa, un personaje siniestro que se irá adueñando de los derechos del poeta y del manejo de su figura.
La conexión le llega por su hermana, Aída Figueroa, que a petición del Partido Comunista escondió a Neruda en 1948 (tiempo en el que escribiría en la clandestinidad el Canto general), y con ello se ganó la confianza y amistad del poeta. Una vez muerto Neruda y cuando mucha gente le dio la espalda Matilde Urrutia (o vivían el exilio sus amigos), Aída le presentó a su hermano Juan Agustín (que nunca fue amigo de Neruda). Matilde acepta el consejo de su amiga, pero sin saber que desde su juventud Figueroa era íntimo y socio del pinochetista Ricardo Claro. Una vez muerta Matilde Urrutia la dictadura dejó trabajar sin problemas a Juan Agustín Figueroa.
Desobedeciendo la voluntad de Neruda, Figueroa asesoró a Matilde para que nombrase en el directorio de la fundación a un grupo de personas dóciles a sus intereses entre los que estaba su propia esposa (QEPD), su hermana y el abogado de su despacho. Al ver la administración de Figueroa, el primero en renunciar fue Jorge Edwards.
¿A dónde fue a parar la plata del poeta? Vólviendo al epígrafe: "es tormento de cristalería": 2.3 millones de dólares (USD) generados sólo en 2003 por derechos de autor de Neruda se invierten mediante bonos bursátiles en Cristalerías Chile, bajo la lógica neoliberal está bien una inversión de bajo riesgo con poca especulación de capitales ¿cierto? Lo Claro, es que en 2005 publiqué en exclusiva la investigación completa sobre la nueva Fundación Neruda (se perdió el nombre Cantalao como el herbario uruguayo) Cristalerías Chile es propiedad de Ricardo Claro: asesor de Pinochet desde el 12 de septiembre de 1973, embajador de la dictadura hasta 1978, responsable de traer a Chile a su amigo Henry Kissinger ¿A qué viajó sino a orquestar el Plan Cóndor?
En el Capítulo VI -Recintos de detención- de la Comisión Nacional sobre Prisión Política y Tortura presidida por el obispo Sergio Valech (páginas 312 a 313; Informe Valech, 2004) acopia los testimonios de los buques usados como prisión en Valparaíso, como resume el diario La Nación "Ricardo Claro puso a disposición de las fuerzas de seguridad dos barcos de otra de sus empresas, la Compañía Sudamericana de Vapores, para ser usados como centros de detención y tortura. Uno de ellos, El Maipo, trasladó a 380 detenidos desde Valparaíso hasta Pisagua. Muchos de sus ‘pasajeros’ perdieron la vida. El otro, El Lebu, cumplió el rol de cárcel flotante y más de dos mil personas pasaron por sus bodegas y camarotes" (05.12.2004).
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El albacea de la Fundación, Juan Agustín Figueroa declaró a 10 días de publicada mi investigación: "Neruda habría estado totalmente de acuerdo" (con la inversión en la empresa de Ricardo Claro)… "El mundo de Neruda se acabó y tenemos que abrirnos a otros lados" y "Las ganancias permitirán a la fundación subsistir cuando caduquen los derechos de autor de Neruda, en 2023" (diario La Tercera; 21.08.2005, donde actualmente es columnista dominical Henry Kissinger). Un año después el diario oficialista de Chile retomó mi investigación y las reacciones de la Fundación no fueron distintas: La abogada, bibliotecóloga e integrante del directorio de la Fundación Neruda, Clara Budnik declaró a Javier García del diario La Nación: "Quiero que sepas que si se invirtió en términos de que dé dividendos a la institución, yo no veo problemas. Por lo demás, Ricardo Claro ha aportado a la cultura de nuestro país" (09.07.2006).
La Fundación Neruda nunca ha podido desmentirme, los he acusado de evasión fiscal (por 140 millones de pesos chilenos o su equivalente 249,309.95 USD), de negligencia ante la falsificación de la Antología Popular 1972 por parte de la editorial Edaf (ligada a la extrema derecha del PP español), de tráfico de influencias por parte de Juan Agustín Figueroa al desempolvar Leyes Antiterroristas contra la comunidad mapuche, ni nuestro columnista del diario La Jornada Noam Chomsky al visitar Temuco el año pasado para reunirse con líderes mapuches podía creer que quien preside la Fundación Neruda sea el ideólogo de la actualización de la Ley Maldita (por la que Neruda salió de su país) ahora llamada Ley Antiterrorista.
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Juan Agustín Figueroa es amigo personal y socio de Ricardo Claro desde 1950, ahora tiene sentido que la dictadura lo dejara trabajar al frente de la Fundación Neruda a la muerte de la viuda. Figueroa hizo ‘pequeños cambios a los estatutos’ creados por Neruda: de 7 integrantes, ahora sólo serán 5 "Sus cargos serán vitalicios pero podrán cesar por renuncia, producida alguna vacante los otros cuatro miembros elegirán al reemplazante. si sólo quedase uno o más miembros del Consejo a éstos corresponderá designar a los reemplazantes" El actual directorio de la Fundación Neruda lo integran:
Aída Figueroa Yávar, hermana del director general; Jorge del Río, miembro del estudio de abogados de Figueroa; Raúl Bulnes, íntimo amigo de Figueroa, y con la muerte de la esposa de Figueroa (que también estaba en el directorio de la Fundación) le preparan el camino a Ignacio Figueroa como futuro presidente vitalicio, ya que su padre Juan Agustín Figueroa le heredará la Fundación Neruda... todo quedará en familia, nada para los escritores, universitarios o sindicalistas chilenos.
He insistido en la necesidad de una auditoria a la Fundación Neruda por parte del Ministerio de Hacienda (impuestos internos), le he solicitado a la presidenta Bachelet el Desconocimiento de la Personalidad Jurídica de la Fundación Neruda, entrevisté a todos los amigos y biógrafos del poeta en España, Cuba, México, Italia, Alemania, Estados Unidos, Uruguay, Argentina y Chile; y sólo he ganado pequeñas batallas: me concedieron la renuncia de un directivo ejecutivo (Francisco Torres), la Agencia Balcells regañó a la editorial Edaf por la falsificación de su Antología Póstuma 2004 (cuando en realidad es la Antología Popular 1972), pero lo más importante es el Caso Pascual Pichún, un mapuche de 23 años que escapó por la cordillera acusado de ‘terrorista’ bajo la lógica de Figueroa, en Argentina se decide si lo deportan por violar leyes migratorias (como lo hiciera Neruda en tiempos de la Ley Maldita) y hasta ahora está en calidad de refugiado político, en parte por mi investigación sobre los derechos de autor de Neruda invertidos en un terrorista de Estado como Ricardo Claro.
¿Qué pensaría Neruda de todo esto? ¿Qué escribiría en el semanario Marcha o El Siglo Ilustrado sobre Ricardo Claro y Juan Agustín Figueroa? Recuerdo una vieja foto de Neruda en la redacción de Marcha junto a Mario Benedetti. Mi editora Faride Zerán me dice que el Caso Fundo Neruda ‘es la metáfora de la transición chilena’

No muere la música, sino las discográficas

palabra-nocturna | 4, jun


No muere la música, sino las discográficas

Hace unos días defendía en estas páginas Gabriel Cerezo que hay que comprar discos originales de vez en cuando para que no se dejen de hacer programas, discos, películas y demás, yo digo que no, que nunca.

Se habla con terror acerca de que la música se está muriendo por culpa de la piratería. Tonterías. La música existe desde que existe el hombre (cuántas culturas, sin tener discográficas, tienen sus cantos y bailes desde tiempos inmemoriales), y las discográficas ni tienen, ni tendrán nunca, los derechos sobre las notas musicales, el ritmo o el preciado silencio (muchos «artistas» debían tomar nota de esto último).

Estamos llegando a la muerte de las discográficas si éstas no se adaptan al mercado y cambian de mentalidad. La música ya no se puede envasar y vender aprovechándose de que es el único medio de conseguirla. Un autor desea que sus canciones lleguen a las personas y que sus seguidores estén en sus conciertos, y es ahí donde ellos realmente se ganan el pan, donde un artista demuestra lo que vale.

No pienso pagar lo que «vale» un CD o un dvd original, y menos ahora que estoy pagando un canon por si acaso pirateo.


JONATHAN MARTIN. 04.06.2007
http://www.20minutos.es/carta/242585/0/muere/musica/discograficas/